Mi primer viaje sola fue un accidente, literalmente.

Ya había viajado sola con 19 años para hacer un voluntariado en China, pero nada más llegar nos recogieron y nos dieron una familia, así que realmente no experimenté ninguna de las sensaciones de una viajera solitaria.

Para esas sensaciones, te toca seguir leyendo.

 

Comienza el viaje

Había llegado agosto, y con él mi mes de vacaciones. Tengo costumbre de aprovechar al máximo el verano, y ya que me cruzo medio mundo para visitar un sitio, aprovecho y me quedo el máximo tiempo posible. En este caso, 30 días.

Viajaba con una amiga, puesto que la idea de viajar sola no me llamaba demasiado la atención. Era algo que tenía en la cabeza modo:

“Algún día pero sin prisa, total, viajando con gente se viaja muy bien.”

Así pues me puse rumbo aeropuerto de Barcelona, desde donde embarcaría con mi amiga Gemma destino Indonesia.

Al tercer día de viaje y después de un montón de transportes ya estábamos en la selva de Sumatra, conociendo a los orangutanes y haciéndonos amigas de estos medio humanos ¿o nosotras medio monos?

Orangután significa en indonesio "hombre de la selva"

Pocos días después llegaríamos al lago Toba, y al séptimo, mientras nuestro señor Jesucristo se tomaba un descanso, Gemma y yo decidiríamos alquilar unas motos para visitar esa belleza de lago.

 

Aventura sobre ruedas

Tengo que añadir, que por aquél entonces no tenía ni carnet de moto, ni carnet de conducir, ni había conducido mas que por una urbanización en el Cairo, Egipto, y eso es otra historia que no viene al caso.

Nos cogimos cada una su moto, para evitar que tuviéramos que cargar ninguna la responsabilidad de llevar a la otra persona (buena idea), y empezamos a desplazarnos.

Cometimos algunos errores bastante importantes, pero los principales fueron conducir en chanclas y con ropa que cubría muy poco, dejándonos totalmente expuestas.

Si bien es cierto que hace calor, una camiseta de manga corta o manga larga fresquita no supone ningún dilema y también te protege del sol, el cual por cierto quemaba como el infierno. Además, también debería ser obligatorio llevar un zapato cerrado que te proteja los pies y que te facilite apoyarte en el suelo en caso de necesidad.

Vale, pasado este momento madre, decir que otro error fue meterle caña (velocidad) a la moto. Nos estábamos achicharrando, no llevábamos crema y necesitábamos encontrar el pueblo más cercano donde comprar crema solar (cercano digo… que ingenua).

Al final lo encontramos, compramos protector, comimos para reponer energías, tomamos el sol, y seguimos en dirección a unas aguas termales que eran bastante famosas y estaban aún bastante lejos.

Comiendo un bocadillo para reponer fuerzas

Decir que llevábamos conduciendo al menos dos horas, y que estábamos en la ciudad más grande del lago. El lago es enorme en su término más superlativo.

 

Un despiste tonto

Fue entonces, con el estómago lleno, y después de unos cocos y el mar, que me relajé, me confié, y me encontré admirando la belleza del paisaje.

Cuando la moto empezó a pisar gravilla y a perder el control, no entendía qué pasaba. En mi intento de controlarla, y viendo que se me iba el cuerpo, me agarré fuerte del manillar derecho (sí señores, el acelerador de las motos automáticas). Así que mi moto terminó de perder el control mientras bajaba de la elevación de montaña a la que me había subido sin darme cuenta, y regresando dirección carretera con toda la intención de dejarme caer debajo suya.

El miedo a que se me volcara la moto ardiendo encima de la pierna me hizo reaccionar, y en un momento de “que sea lo que Dios quiera”, me dejé ir.

Caí arrastrando todo mi cuerpo por la gravilla del asfalto hirviendo de un país desconocido, en la otra parte del mundo, y cuando abrí los ojos, con un miedo tremendo, empecé a inspeccionar mi cuerpo de arriba a abajo. Rasguños en los brazos, un poco de sangre sin más por aquí, un poco por allá, y mis pies… mi pie derecho… cubriendo el asfalto de rojo.

Yo solo veía sangre, y que algo no estaba bien con mi pie, lo que no sabía era la profundidad de la herida, ni dónde estaba yo, ni quién me iba a ayudar, ni si había hospitales en ese lugar perdido en la isla de Sumatra, ni si me desangraría antes de que las acciones dieran respuesta a esos pensamientos.

 

Todo pasó muy deprisa

Y todo empezó a pasar rápido, muy rápido. Recuerdo mi grito, de miedo más que de dolor, porque sinceramente no sentía absolutamente nada. Recuerdo mi pregunta al aire:

¿Por qué yo?”

Me avergoncé de mi misma a la milésima de segundo, y esa pregunta me resonó en la cabeza durante días y sigue haciéndolo a fecha de hoy.

¿Por qué yo? Pues porque tú significa que no es tu amiga, y porque esa pregunta implica la mayor muestra de egocentrismo del ser humano, como si todo lo malo nos pasara a nosotros, como si solo nosotros atrajéramos la mala suerte.

Quizás me debería haber preguntado por qué no me había puesto un zapato cerrado, eso sí estaba en mi control, y era FÁCIL, muy FÁCIL.

 

Los minutos y horas que siguieron

Creo que recuerdo bastantes detalles. La cara de miedo de mi amiga, un coche que apareció de la nada, yo diciéndole a Gemma que recogiera la llave de la moto, mi esfuerzo por sujetarme el pie y mis pensamientos al subirme al automóvil:

“madre mía, les voy a dejar el coche bonico… ¿la sangre salta?”

También recuerdo la suerte que tuve, sí, suerte.

Tuve un accidente de moto, pero también tuve mucha suerte Clic para tuitear

Suerte de caerme justo a 5 minutos del único hospital que había en dos horas a la redonda. Suerte de que me atendiera Nasti, la única enfermera de todo el hospital que hablaba inglés.

Suerte de haberme caído al lado de una pequeña zona residencial con casas de verdad desde donde escucharon mis gritos y sacaron el coche para moverme.

Suerte de tener a mi amiga sentada en la camilla de al lado, cuidando de mi, y cantando conmigo canciones infantiles que me hacían reír.

 

De aventura en aventura

Una vez dados los puntos y limpiadas las heridas, empezó otra Odisea, sin desprestigiar a la de Ulises. Esta vez de exigencia mental y superación personal. 

Habían venido a por nosotras y teníamos que volver a nuestra guest house en moto. Dos horas de moto con una camiseta de tirantes rota y llena de sangre y con el horrible frío de la noche. Nos quedamos sin gasolina, atravesamos una zona de incendios, y llegué al alojamiento con fiebre.

A la mañana siguiente nos poníamos rumbo a Ubud, Bali, el viaje debía continuar.

Después de un ferry, un trayecto en coche a Medan de más de 3 horas, y dos vuelos en avión, llegamos a Ubud, donde mi pie hinchado por el agotamiento y las infecciones a las que se estaba enfrentando me impedía seguir el ritmo de mi amiga, la cual cuidaba de mí como si no hubiera un mañana.

En este punto tomé la decisión:

“Gemma, no puedo seguirte, me voy a continuar el viaje sola”

No quería que nadie dependiera de mi, y yo no me sentía feliz en una ciudad como Ubud. Así que me compré un trayecto de ferry y me fui sola a vivir los 20 días que aún me quedaban por Indonesia.

Comida en Abud, Bali

Mi viaje sola por Indonesia

Debo decir que no me arrepiento ni un segundo de la decisión que tomé.

Liberé a mi amiga de cargas, y yo adapté mi ritmo a mis propias necesidades.

Viajé sola, sí, pero ¡no estuve sola ni un solo día!

Conocí a muchísimas personas con las que pasé ratos increíbles, junté a otros viajeros que también se movían solos, y conocí a un grupo de vascos a los que decidí unirme en parte de la aventura.

Nusa Penida, Indonesia

Pude moverme a mi ritmo, decidiendo en cada momento qué me apetecía hacer y dónde quería ir. Me obligué a conocer gente, a ser más sociable, pero también me permití estar sola cuando me venía en gana y cuando mis pies no reaccionaban más a las caminatas.

Aprendí a aceptar las situaciones. Deseaba nadar con todas mis fuerzas, pero no podía meterme al agua con el pie así, y menos llevando puntos.

Así que no tuve otra que buscar el plan alternativo que me hiciera feliz, el plan B, C o el que fuera necesario. Y ese plan la gran mayoría de veces se basaba en leer y escribir como hacía tiempo que no podía.

Descansando en las islas Gili, Indonesia

Me quedo con las lecciones

Mi primer aventura sola estuvo cargada de ostias (las literales y las no tan literales), pero me di cuenta de lo mucho que podemos llegar a dar de nosotros mismos cuando nos enfrentamos a situaciones adversas.

Podemos rendirnos y abandonar, o podemos asumir las situaciones, y ver el lado positivo. Clic para tuitear

No sé quién decía eso de: "No dejes que el árbol te impida ver el bosque." Pero me viene bien al caso.

Si algo aprendí durante esos 20 días fue a solucionar mis propios problemas, y a nunca rendirme con un NO.

Después de mucho insistir, conseguí que me quitaran los puntos del pie, y me metí al mar de manera inmediata para ver a los peces manta (aunque lo suyo es esperar 24 horas, pero a veces soy poco racional).

Preparándonos para entrar en el agua a buscar peces manta

Por otra parte, aún me quedaban muchas cosas por hacer, y me negaba a abandonar el país con espinitas de sueños pendientes.

Uno de esos sueños consistía en hacer surf.

Me dijeron que mi tobillo estaba demasiado débil para hacer frente a la fuerza del mar, que era pronto para hacer surf. Pero Ramón, el profesor de surf peruano más molón del mundo, me ayudó a coger mi primera ola.

Y por cierto, no se me dio del todo mal 🙂

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Lo más importante de todo esto es que me mentalicé de no dejar jamás que el miedo me frenara, y de no dejar que los miedos y los traumas se apoderasen de mi cabeza y me impidieran vivir.

Así que aunque esta parte de la historia no la sabe casi nadie… volví a coger una moto yo sola antes de irme de Indonesia. La cogí temblando, mis manos bailaban, pero en cuanto sujeté el manillar con fuerza, y arranqué (esta vez con el zapato adecuado), las pulsaciones volvieron a bajar, y disfruté de la experiencia.

Conclusión

Me podría haber ido a casa, podría haber vuelto a España a que me curaran en condiciones desde un primer momento, y evitar así todos los malos ratos, las infecciones y el dolor.

Pero entonces me habría arrepentido de no saber qué me había perdido.

Si hubiera abandonado, nunca habría sabido qué oportunidades estaba dejando escapar Clic para tuitear

Tuve días muy duros, lloré de impotencia, de dolor y de miedo, pero también nadé con peces manta, vi tortugas, hice surf, conocí a personas que guardo en mi corazón para siempre, y canté en una iglesia en bahasa.

Aprendí una gran lección, una que salía de la boca de los indonesios, seguida de una gran sonrisa, y que resume mejor que nada mi experiencia en Indonesia:

“NEVER TRY, NEVER KNOW”

“Si nunca lo intentas, nunca lo sabrás”

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Acerca de la autora

Sofia Mateo Ortega

Hola, soy Sofía. Autora de este post, aprendiz de blogger, experta soñadora y viajera empedernida.
Si quieres conocerme, no me preguntes por mi edad, mi trabajo y cuántos hermanos tengo. Mejor pregúntame cómo suena mi voz, cuáles son mis juegos preferidos, y si colecciono mariposas.

Comentarios

  1. Vaya experiencia Sofia ? !!!!. Pero bonitas las reflexiones y conclusiones que te han llevado a que superes obstaculos y crezcas.

    • Gracias Montse! Creo que de eso va la vida un poco no? De superar miedos para poder seguir avanzando, que aún quedan muchos capítulos que escribir 🙂 Un abrazo!

  2. Uff! Qué bueno que no pasó a más y pudiste disfrutar el resto del viaje, yo todavía no me he animado a viajar sola, me gustaría pero tengo una bebé así que si lo hago sería con ella a un lugar tranquilo para relajarnos las dos y pasar tiempo de calidad ella y yo 🙂

    • Hola Sandra! Entonces tu nunca viajarás sola, pero lo harás con lo más bonito que te ha dado la vida. No te quedes con las ganas y regálate algo tranquilito, que es lo que te apetece y te pide el cuerpo. Es un regalo para ambas 🙂 Ya me cuentas si al final haces algo, un abrazo enorme!

  3. Hola Sofía!!
    Me ha encantado leerte. No veas como me has enganchado. Cuando llegué a la parte en que te separabas de tu amiga por un momento pensé que te volvías para España y me sorprendes con la valiente decisión de seguir sola. Me has conquistado con tus reflexiones y tus buenas vibraciones.
    Besos!!

    • Muchas gracias por tus palabras Karina, Me alegro que hayas disfrutado, pero sobre todo de haberte podido transmitir algo. Para mi eso lo es todo. Un abrazo enorme!

  4. Ay Sofi qué historia de vida!! Te felicito, qué mujer valiente! Yo no lo hubiera resistido ni 5 minutos. Hubiera vuelto a atenderme a mi país y me hubiera perdido todas las maravillas que viviste después.

    Te felicito realmente, no todo el mundo hace frente al dolor en soledad. La parte buena es que gracias a esa experiencia dura, descubriste que podés enfrentar cualquier problema. Todos somos fuertes pero vos lo sabés mientras que la mayoría de las personas no se entera.

    Espero seguir leyéndote. Abrazote.

  5. Genial la experiencia y muy guapa quedarse sola y algo enferma, pues una herida en un pie es algo serio. pero sacaste muy buenos aprendizajes de esta aventura y arriesgándose es que se aprende, felicidades por la entereza que demostraste.

  6. Hola Sofía ¡que valiente en verdad! yo tal vez si me la hubiera pensado un poco jajaja soy bien miedosa. Pero que padre toda la experiencia que has pasado, y es que es verdad, si no perdemos el miedo nunca aprenderemos cosas nuevas. En este caso, yo nunca he viajado sola ya que tengo a mi hija y mi pareja y generalmente nos vamos juntos, pero si he de decir que he viajado con amigas y aunque esta padre y vivimos experiencias en conjunto, también disfruto mucho viajar solo con mi hija y mi novio, puesto que hacemos las cosas a nuestro ritmo.

    Que genial tu post.

  7. Hola Sofía, me gustó mucho tu post! Primero el cómo tomaste esa experiencia con la moto para reflexionar sobre el comportamiento que a veces tenemos los seres humanos de armar una tormenta en un vaso de agua, cuando hay cosas mil veces peores. Y también me pareció muy bonito el que hayas sido consciente de toda la suerte que tuviste debido a ese accidente. Poder convertir un mal rato en una lección de vida es algo que no tiene precio. Me motivas a viajar sola, todos dicen eso, que se viaja solo pero siempre estás con gente. Me quiero animar a ir a Asia, siento que tengo algo con ese continente y quiero descubrirlo y seguirme descubriendo.

    • Hola Luisa!
      Asia es un gran continente por donde empezar, las personas son muy amables y es fácil conocer a otros viajeros. Si necesitas ayuda o te apetece hablar del tema, me tienes para lo que necesites. Asia es un continente al que le tengo mucho cariño. Además, puesto que hice el lanzamiento de mi blog hace poquito, actualmente estoy ofreciendo consultorías gratuitas para resolver dudas sobre destinos, trabajar en los miedos e incertidumbres que se plantean, e incluso ir montando una posible ruta de qué visitar y qué hacer en el destino. Si te apetece hablamos! Un besazo

  8. Me ha parecido muy motivador este post, viajar sola es algo que nunca me he plantado y leer tu historia me he motivado para un día hacerlo y darme la oportunidad de poder estar a solas conmigo misma. Que bueno que te arriésgate y así pudiste contarnos esta emotiva historia de tu aventura.
    Saludos.

    • Muchas gracias por tus palabras Alexa, si esta historia ya vale para que alguien se plantee por un momento la idea de viajar como una oportunidad de autoconocimiento… yo ya me voy a la cama esta noche infinitamente feliz. Un besazo enorme!

  9. Muchacha, vaya historia la que has vivido. Una aventura en toda regla. Me alegra saber que luego pudiste salir adelante, disfrutar del viaje a pesar de todo y bueno, lo importante es que puedas aprender de tus errores, porque a la final eso es lo que nos queda y si no nos equivocáramos ¿cómo aprenderíamos a la final? Lo bello de la vida es caernos, aprender, aceptar, comprender y levantarnos más fuertes aún. Creo que has aprendido muy bien tu lección y lo que viene de aquí para allá son cosas grandes 🙂

  10. Sofía he disfrutado mucho de tu travesía viajera, la verdad es que fuiste muy valiente para afrontar todo lo que te ocurrió, me gusta tu forma de escribir, usas un discurso atrapante en el que es imposible apartarse de la lectura porque quieres seguir para saber cómo concluye tu narración. Qué bien que hayas liberado a tu amiga de la carga de cuidarte, fue una decisión muy certera, y que bien tu viaje sola por Indonesia, aunque como bien dijiste, nunca estuviste sola del todo. Gracias por compartir tu experiencia.

  11. Hola guapa. Me ha encantado leer tu experiencia sobre tu primer viaje sola porque es algo que siempre he querido hacer pero al final nunca me he atrevido. ¡Menuda experiencia! Me ha gustado mucho tu reflexión final del viaje y la manera en la que te tomaste las cosas que te fueron sucediendo. Saludos.

    • Hola María, si es algo que te apetece hacer no te quedes con las ganas, que la vida es demasiado corta y ya tiene suficientes obstáculos como para que nosotras pongamos aún más. Si necesitas cualquier cosa, aquí me tienes. Un abrazo!

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